Hay ciudades que se escriben a sí mismas en silencio, en las esquinas y en las plazas, como si cada paso de sus habitantes fuera una línea más en un libro que nunca se acaba. Bucaramanga, desde hace más de dos décadas, ha encontrado en Ulibro su capítulo más luminoso. Lo que comenzó en 2003 como un modesto encuentro en el campus de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, hoy es la 23ª Feria Internacional del Libro de Bucaramanga, un evento que respira cultura por cada uno de sus pasillos, que huele a tinta fresca y papel nuevo, pero también a memorias viejas, a historias rescatadas y a voces que se niegan a callar. Este año, su sede será el Neomundo Centro de Convenciones, del 22 al 31 de agosto.
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Este 2025, el Programa Editorial de la Universidad del Valle llega a Ulibro con la certeza de que los libros no son solo objetos para vender, sino llaves para abrir territorios de pensamiento y emociones. Es la primera vez que estamos aquí, pero cada edición es distinta: los lectores cambian, los autores mutan, las ciudades se transforman. Y sin embargo, el propósito permanece: llevar la investigación, la ciencia, el arte y la literatura más allá de los muros universitarios, hasta las manos curiosas de quienes buscan comprender el mundo… o simplemente perderse en él.
En medio de un público que transita entre conferencias, presentaciones y recitales, nuestro stand se convierte en un pequeño puerto. Allí atracan textos que han nacido de laboratorios y aulas, de archivos y talleres, de la imaginación y la rigurosidad. Hay títulos que huelen a océano Pacífico y selva andina, que hablan de biodiversidad, de memoria histórica, de poesía y de innovaciones tecnológicas. Son libros que llevan la marca de una universidad que entiende que publicar es también un acto de responsabilidad social: hacer visible el conocimiento para que sea útil, dialogado y compartido.
Ulibro, con su tema de este año, Vidas Narradas, nos recuerda que cada lector y cada autor son, al final, constructores de identidad. Que las palabras tienen el poder de sanar y de herir, de unir y de dividir, de inventar mundos y de derribar fronteras. Y que en las historias que contamos —desde un poema breve hasta una investigación científica— vamos dejando huellas de quiénes somos y quiénes aspiramos a ser.
Por eso nuestra participación no es solo un compromiso cultural: es una declaración de principios. Creemos que el acceso a los libros es un derecho y que la universidad pública debe estar allí, en medio de la gente, con ediciones que no se queden guardadas en estanterías, sino que circulen, pregunten, incomoden y enamoren.
Este año, entre autores consagrados y nuevos talentos, entre la música y las tertulias, entre cafés y dedicatorias improvisadas, la Universidad del Valle reafirma en Bucaramanga lo que ha sabido desde siempre: que un libro no se termina cuando se escribe, sino cuando se lee, y que cada lector lo reescribe con su propia vida.
Por: Jose Londoño




















