
En la espesura del Catatumbo y bajo la brisa salada de Buenaventura, un grupo de mujeres se aferra a la aguja y el hilo como herramientas de resistencia y memoria. Aunque no son tejedoras por tradición, la propuesta de intervención les permitió conectarse con estas herramientas para explorar nuevas formas de acción colectiva. Son madres, hermanas e hijas que han enfrentado el dolor de la desaparición de sus seres queridos en un país marcado por el conflicto armado y sus profundas heridas.
Así nació Voces sin sentido. Cartografía de lo inasible, un proyecto lanzado en 2023 como parte del programa Orquídeas Mujeres en la Ciencia de Agentes para la Paz. Esta iniciativa fue liderada por la Doctora en ciencias sociales e investigadora Paula Andrea Olaya, la cual busca metodologías sensibles y creativas para abordar el impacto de la desaparición forzada en la subjetividad de las mujeres que, con valentía, se niegan a olvidar y siguen buscando a quienes les arrebataron.
A través del tejido, no solo se crearon recuerdos, sino también espacios para resistir, sanar y reconectar. Estas mujeres, acostumbradas a otros repertorios de acción colectiva, encontraron en las puntadas una nueva forma de expresar su lucha, resignificar su dolor y transformar su memoria en un acto de resistencia que, más allá del hilo y la aguja, las une en un grito colectivo por la verdad y la justicia.
Entre hilos y cuerpos
En cada encuentro, las mujeres han transformado sus historias en mapas afectivos. Con cobijas, hilos y movimientos corporales, han bordado no sólo recuerdos, sino también las cicatrices del dolor y las huellas de la esperanza. En el tejido de estas telas, emergen cuerpos ausentes y corazones que laten con la fuerza de los sueños no cumplidos, creando asi un puente entre el pasado y el presente.
La metodología propuesta por el proyecto desafía las formas tradicionales de investigar. Aquí no se trata solo de preguntar, sino de resonar. Las preguntas no son inquisitivas, sino cuidadosas. Las palabras no hieren, sino que sanan. Este enfoque busca evitar la revictimización que, en tantas ocasiones, sufren las víctimas.
Espacios para la memoria
El trabajo realizado en los talleres trascendió los límites de la creación manual y se convirtió en un ejercicio de memoria y reconocimiento colectivo. Las cobijas, junto con otros objetos cargados de significado, como cartas inspiradas en los objetos que estas mujeres suelen llevar a sus plantones, fueron elaboradas por investigadoras y presentadas en una exhibición itinerante que recorrió la Casa Social y Cultural de la Memoria en Buenaventura y una casa de bordadoras en Cúcuta. Este montaje no es solo una exposición, sino un poderoso acto de reconocimiento a sus historias y luchas.
Para las participantes, el proceso fue mucho más que un acto creativo. La exposición visibilizó su trabajo, ofreciendo un espacio para sanar y reivindicar sus voces a través del arte y la memoria.
El aporte para la sociedad civil
El proyecto traza las ausencias de las personas desaparecidas, al tiempo que también abre caminos hacia nuevas y creativas formas de entender el duelo. En un país donde el Estado ha fallado tantas veces en reconocer las luchas de las víctimas, Voces sin sentido se convierte en un faro.
Esta cartografía afectiva no solo beneficia a las mujeres que bordaron su dolor, sino que también inspira a otros proyectos a abordar temas difíciles con sensibilidad y respeto. Es una invitación a repensar cómo nos acercamos a las heridas colectivas y a reconocer que en el tejido de estas memorias reside el germen de la sanación.
Con hilos, agujas y corazones, estas mujeres han demostrado que, aunque el cuerpo físico pueda faltar, la memoria es un espacio donde la ausencia nunca está sola.



















